Afición por el consumo de ciertos productos con un supuesto prestigio cultural (fundamentado, sobre todo, en una buena campaña de marketing y éxito en amplias capas de la sociedad) con la esperanza de obtener un cierto prestigio social y cumplir con el compromiso que todo ser humano tiene con la cultura -lo que nos hace diferentes de los animales-, sin ser consciente de que lo que se está consumiendo es, en todo caso, sucedáneos.
Ejemplos: la exposición de los guerreros de Xian, los libros de Dan Brown o los discos de Tamara (la buena).
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