Persona carente de vida propia, cuya existencia se limita a una sucesión de actos mecánicos y –por lo general- a toda velocidad (ej: trabajo-comida-televisión-trabajo-salir-dormir). Los desnarrados tienen dificultad para actuar con iniciativa propia y, sobre todo, para desarrollar actividades fuera del círculo social en el que se encuentran inmersos.
La desnarración se ha extendido enormemente en los últimos tiempos, como consecuencia de la expansión de las ciudades, de la sociedad de consumo y de la enorme influencia de los medios de comunicación de masas sobre el comportamiento social, que han provocado la pérdida de los elementos culturales que dotaban a la persona de una identidad propia y única (ahora es posible no tener familia, ni religión, ni ideología, ni pertenecer a ninguna clase social).
Este mal se combate fácilmente, dotando de contenidos propios y originales a la propia existencia y huyendo de los patrones establecidos por la sociedad.
A pesar de que el antídoto ante el fenómeno desnarrativo es sencillo, su completa erradicación tiene dos inconvenientes fundamentales: 1) no todas las personas desnarradas saben que lo son y 2) lleva consigo un considerable esfuerzo inicial, imposible de asumir para algunos.
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